enero 15, 2009

Mi Nombre es Harvey Milk

En Mi Nombre es Harvey Milk confluyen, de manera aparentemente contrapuesta, la estructura casi perfecta de una película oscarizable (estructura de biopic, fecha de estreno cercana a la gala, Sean Penn ejerciendo brillantemente un rol principal, América como telón..) con la inquieta mente de un director tan interesante e inquieto como Gus Van Sant. Afortunadamente, el choque de dos esencias tan dispares deriva en uno de los más interesantes y conmovedores retratos que nos ha mostrado el cine últimamente.

Tal vez sea la fuerza del personaje, o el contraste que puede resultar entre la contagiosa energía de la película y la mediocridad impasible de nuestros tiempos, pero el caso es que la intensidad que emana la obra tapa cualquier atisbo de trivialidad que podamos observar en ella. Es posible que lo más desolador del film de Van Sant no sea hacer un viaje a una América donde el movimiento gay comenzaba una difícil lucha política que hoy continúa, sino meditar sobre la escasa esperanza que mueve hoy un mundo con posibilidades de luchar, y compararla con la fé con la que Milk y los suyos lucharon contra todo el que se les pusiera delante. Si algo cabe reconocerle a Van Sant es su innegable éxito al capturar la esencia e intensidad de los matices de los 70, y lograr que la película emane, desde la austeridad, el arrollador aroma de la revolución. Partiendo de un austero y certero ejercicio estético, Van Sant usa como arma principal el talento de un inspirado Sean Penn, pero lo acompaña con su habitual fuerza escénica (el asesinato de Milk podría formar parte de los secos y fríos crímenes de Elephant) y un guión tan ágil como preciso.

En conclusión, podemos afirmar que, tras su paso por un cine más alternativo que ha dejado obras tan importantes como Elephant o Last Days, el regreso de Gus Van Sant a los terrenos más populares y efectistas de Hollywood se salda con una magnífica reflexión sobre la importancia de la esperanza en los tiempos difíciles. Es posible que, con lo que se avecina, sea imprescindible recordar lo que significa luchar por algo hasta las últimas consecuencias. Es posible que el Mundo necesite a muchos Harvey Milk.

(*) La penúltima obra de Van Sant, Paranoid Park, sigue olvidada en algún cajón, esperando el rescate de alguna filmoteca que se digne a proyectarla en España.

1 comentario:

Un perro madrileño dijo...

Pues que Gus Van Sant es uno de mi cineastas olvidados... sólo vi la floja "El indomable Will Hunting"; creo yo...