septiembre 30, 2008

Luneda

Siendo Galicia mundo de caminantes, me sorprende que mi primer recuerdo en Luneda me lleve dentro de un coche. Conduce mi padre, vamos a 60 por hora por carreteras estrechas, llenas de curvas y baches. El entorno es verde y perfumado por aroma de eucalipto. Se atisba una tierra vieja, desgastada por algo que no sabría definir. Está llena de bosques, unos encantados y otros sin encantar. ¿Brujas? No las vi, pero ya saben lo que dicen. ¿Y qué es Luneda? Acompañadme, si lo queréis saber.

Luneda es una aldea escondida en medio de Galicia. Es pequeña y montañosa, llena de señales que me hacen dudar si está a medio hacer o es parte del pasado. Luneda huele a muchas cosas. Huele a tierra mojada, a lluvia caída y por caer, a polvo de tierra y de estrellas, a rastro de ganado, a piel pellizcada por una ortiga, a frío de mañana, a calor de hoguera, a madera de barril lamida por vino agrio, a sopa caliente, a recuerdos, a pinos y manzanos, a pastos recién regados, a piedra chamuscada, a fuertes licores, a comida buena. Y huele a mí por partida doble, de niño y de mayor.

Luneda guarda el sonido de muchos años. Hoy suena a viento y percusión, a hojas movidas por un silbido, a la campana que da la hora, al cencerro de un rebaño, a un grito perdido, al ladrido de un perro que aullará en la noche, al lejano relincho de un caballo, al correr del agua en un mantantial, a la caída de un árbol en alguna parte, al metal que alguién golpea para afilar su hoz. Luneda es la voz del párroco hablando en misa de 12, la del emigrante que habla en gallego y recuerda palabras en alemán, la del motor del coche que pasa cada mucho tiempo, y la del cantante que llega a las fiestas de agosto y hace bailar cuarenta pasodobles y algún vals.

Luneda es olor, sonido, sabor y color. Ahora que lo pienso, olvidé el sabor y el color. La aldea sabe a fruta sin madurar, vino dulce, sardinas asadas, rosquillas y agua fresca. Sabe a fuerte y añejo, pero respira endulzada por una capa de miel. Luneda es roja como el carmín de las moras silvestres que dejan su rastro en los labios; azul como el horizonte que no se vé; verde como los pastos y las ácidas manzanas que visten su suelo; y negra como el luto de mil vestidos y una cocina de hierro que calienta el hogar.

Luneda es fría en la mañana y en las paredes de una austera iglesia. Es un montón de casas vacías, y de ruinas que fueron casa. Es un pueblo antiguo, recorrido por muchos pasos y vestido de aire abandonado. Es tierra cien veces quemada y mil sembrada. Es un viaje pendiente para ojos a medio abrir. Es una tarde lluviosa, fuego de leña y negras paredes. Es una partida de cartas a medio jugar. Es un remolino de polvo bailando alrededor de un rayo de sol. Es una telaraña que cuelga de un techo sin pintar. Es un pastor mirando a las nubes en busca de dibujos. Es una vecina que trae comida, y un hombre que la recibe. Es Palmitas, un ciego y viejo guardián que ladra a las sombras antes de revivir con olor a caldo recién hecho. Es una vieja tienda a la que acude algún borracho a beber. Es ropa vieja para el campo y caras sin afeitar. Es un paseo entre zarzas, bajo el cielo nublado. Es estar solo, cerrar los ojos, abrir el alma y despertar.

Luneda es, en fin, la última página de un libro ya escrito, y la de otro por escribir. Lo dicen las paredes pintadas y la gente que vuelve. Es la añoranza de mi madre y el anhelo de mi padre. Es algo para mí que aún no sabría explicar. Si hoy sabéis algo más, descansaré contento. Desde aquí, un deseo. Que Luneda sea siempre tierra de brujas, verde de bosque y un arroyo en el que nadar. Que sea Galicia. Por siempre. Fin.

12 comentarios:

Héctor dijo...

Dan ganas de ir, vive Dios!!

Tramoyista dijo...

Galicia siempre desprende un canto especial desde su posicion del Norte, es como un canto de sirenas que te va atrayendo, que te susurra ven a verme, para luego atraparte en su paraiso. Ahora solo queda unir tu susurro, entonces Galicia ya no es tentadora, sino que se convierte en encantadora, en hechizante, en algo especial.

Tere dijo...

Hola Ángel!

Como puedes ver... aquí tienes mi comentario... Y significa que (bueno, tu ya lo sabes)... tu escrito... me ha gustado mucho! No dejas de sorprenderme cada día! La verdad, que mientras lo estaba leyendo me han entrado ganas de hacer una escapadilla! A ver si nos llevas un día!

Muchos besitos

Ángel dijo...

Aparte de agradecer vuestras palabras,

1 - Os animo a entrar en el blog de mi amigo Héctor. Es Primavera Tardía, y lo podéis encontrar en la parte derecha de esta página. Yo no me lo perdería..

2 - Tramoyista, eres un misterio cada vez más reconocible.. jeje

3 - Tere, claro que os llevaré. Haremos excursiones nocturnas por bosques de brujas. Has demostrado tener palabra :)

Joseba M. dijo...

Leído y olido el panegírico maravilloso de Luneda, no va a quedar más remedio que hacer un alto en la villa en cualquier próximo acercamiento...
Un abrazo enorme y ánimo con el nuevo blog, Linki...

Anónimo dijo...

Has sabido rozar y hasta traspasar mi fibra sensible con esa descripción tan llena de matices.
No me hace falta ir, porque seguramente vería menos cosas de las que relatas.
Has conseguido que me traslade allí sin moverme de casa, he sentido la humedad de la tierra, el calor en la chimenea...una delicia.

Un abrazo, Pachelbel.

sam.r dijo...

Vivo en Luneda con mi marido desde hace 6 años y para nosotros es un gran privilegio.
Los vecinos, ya ancianos la mayoria, son gente especial con mucho que contar de aquellos tiempos cuando Luneda estaba llena de niños y niñas, cuando se iba con el carro de bueyes por los montes arriba a recoger madera, cuando todos los vecinos se juntaban para labrar ayudandose mutuamente y de paso echar unas risas, cuando venian los camiones de Asturias para llevarse las manzanas rojas que tambien son de aqui para hacer su sidra, cuando iban a moler el trigo y centeno en los molinos - ahora todos en ruina, y tantas cosas más
El indudablemente un lugar con magia.
Pero, y hay un pero, hay gente que siguen echando basura a los rios.
No hay transporte para conectar con los pueblos más cercanos o para llegar a los centros de salud tan importantes para esta población anciana - excepto Pepe de Gonda que lleva años prestando sus servicios de taxi para todo.
En fin, Luneda es ahora mi hogar y espero vivir muchos años para disfrutar de su belleza, los cantos de los pajaros, el viento danzando en los altos eucaliptos que cada vez son menos, y sobre todo su paz.
No me importa tener que viajar una hora todo los días para llegar a mi trabajo y otra de vuelta.
Merece la pena siempre.

Ángel dijo...

Gracias por escribir, sam.r. De parte de mi madre también. Ella creció allí. Y confía en volver pronto para quedarse.

Anónimo dijo...

Nosotros somos de Luneda, Mi marido nacio alli y mi madre tambien, vamos siempre que podemos, y nos encanta.
Me gustaria saber quien eres por si nos conocemos y podemos intercambiar opiniones. Yo soy Sara la mujer de Suso da Hermida

Ángel dijo...

Pues creo que podría presentarme como el nieto del que llamaban "Pega".. ;)

Anónimo dijo...

Hola, mi nombre es Raúl Duro Rodríguez y soy de Buenos Aires. Mi padre era de Luneda, su nombre era Ernesto Duro Pérez, partió hacia Argentina en el año 1955 y pudo volver a visitar su tierra en el año 1992. Hace once años ya que nos dejó, pero nos dejó también su ejemplo, sus enseñanzas y su amor por esa tierra lejana, amor que aprendí a compartir.
Sé que mi padre tenía familia en el pueblo, por lo menos, alguna medio hermana, pero no conozco mucho la historia, ya que él no era de hablar mucho de su pasado y yo no fui de preguntarle mucho tampoco, algo de lo que hoy me arrepiento.
Si hay alguien del pueblo que sepa algo, o simplemente quiera comunicarse, de muy buen agrado me pondré en contacto.
Un saludo cordial para toda la gente del pueblo.

Ángel dijo...

Amigo Raul,

He dado la voz para ver si alguien puede ayudarte a localizar a tu familia. Si quieres darme un correo electrónico (puedes escribirme a elrenacerdeicaro@gmail.com), te escribiré tan pronto como sepa algo.

Un abrazo,